jueves, 3 de febrero de 2011

Tres- Cierra el paréntesis

CIERRA EL PARÉNTESIS

Yuri estaba sentado aparte, apoyado en la pared frente al resto de presos, ausente a la expectación de sus compañeros, con las manos juntas y los dedos entrelazados y prietos. Bárbara se colocó a su lado sin hacer ruido y le echó el brazo por el hombro. El mulato se ablandó con el contacto de la chica, relajó las manos e inclinó la cabeza hacia el pelo enredado de la española.

-Bárbara, yo quisiera pedirte perdón por lo que te dije antes –le susurró al oído.
-¿Por qué?
-Por lo de que te casaras conmigo.
-Déjalo, Yuri. Olvídalo. Está bien así.
-Yo sé que tú no eres estúpida. No quería que te enojaras así. Entiéndeme, estoy encerrado aquí, en esta isla. Yo sólo necesito que una persona me ayude a salir. Tengo un amigo en España que siempre me dice que él me ayuda, me paga el viaje y me da el trabajo cuando llegue… Pero no me puede invitar, porque eso no sirve con el Gobierno de vuestro país. Por eso te lo dije.
-Pero, Yuri, yo no me puedo casar contigo así, sin más. Las cosas no son tan sencillas.
-Ya sé, Bárbara, no te preocupes. Yo sólo quería pedirte perdón y explicarte. Olvídalo. Pero una cosa es verdad, y quiero que lo sepas, que tú me gustas, mi flaca, por eso sí no te puedo pedir perdón.

La española le besó en la mejilla y se apoyó en su hombro.

-De todas formas, a ver si salimos de aquí algún día.

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