miércoles, 9 de febrero de 2011

----- Él






ÉL


Sentado en la mesa del Rumbos, con su mojito (aún era incapaz de beber ron a secas), Manuel charlaba con Amanda de cualquier cosa menos de lo sucedido en la comisaría. Había amado al socialismo casi como a su mujer, de manera constante y fiel, y no estaba dispuesto a tirar el trabajo de todos esos años, a dejar que se terminara ese amor por nada de lo que allí viera. Creía en la igualdad por encima de todo, en un mundo en el que no hubiera clases ni grandes diferencias, era por lo que había luchado siempre y lo que le guiaba en su día a día. Amanda, tan madura y formada, una cubana que estaba a gusto en su país, culta, educada, viajada y con Internet, alguien con el que podía obviar que las cosas estaban bien, que valoraba lo que tenía porque había visto mucho y que apoyaba la Revolución cubana.

Cuarenta años trabajando en una fábrica, alternando turnos de noche con los de día, leyendo, viviendo en un entorno hostil a sus ideas, tan perfectas, y seguía creyendo en lo que había creído en su juventud, en lugares donde no había diferencias y donde los amores eran para siempre. Cuarenta años queriendo cambiar el mundo y amando cada detalle de su rutina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada