martes, 1 de febrero de 2011

Cinco- Sweety

SWEETY

Diana se sentó de nuevo en el suelo. A medio metro de ella estaba Yuri, manoseando un papel ensimismado. Omar estaba en la pared de enfrente, callado y despierto, era el más asustado. Al otro lado de la española estaban Bianca se había vuelto junto a Yoandri, en paralelo, cerquita pero sin tocarse.

-¿Qué les dijeron? –le preguntó Yuri volviendo de sus pensamientos.
-Que seamos buenos y tengamos paciencia, básicamente. Que estemos tranquilos si no hemos hecho nada.

Él sonrió, con una mueca irónica.

-Esto es para ti –dijo cambiando de tema mientras le alargaba el papel manoseado.

Diana lo abríó. Era un pedazo de hoja de rayas de la libreta de Thomas. Tenía escrita una dirección en La Habana y un número de teléfono.

-Me dijo que cuidara de ti. “Take care of her”, me dijo. Ya ves, aquí te tengo, vigiladita.

Ella sonrió. Probablemente aún estaría en el bus, sin saber nada de lo que estaba pasando, sin sospecharlo, drogado con somníferos y algo de alcohol, maloliente.

Diana pensó en lo que le había dicho a Yuri: “Take care of her”. Cariño a destiempo. “Era un imbécil”, se intentó consolar la española, pero sólo recordaba cómo le llamó “sweety” en el Rumbos, mientras jugaban a las cartas, o cuando apareció en casa de Blanca justo antes de que se sentara a cenar y se quedó allí, mirándola.

-Tú lo tienes fácil -dijo Yoandri–. Con ese papel no necesitas más. Si quieres, puedes irle a buscar. Hasta a Alemania si tú quieres.
-No voy a ir a buscarlo a Alemania.
-Pero si quieres, puedes. Si, por cualquier motivo, tú quisieras probar, podrías.

Bianca se había dormido a su lado. “Romántica Bianca”, pensó Diana. Ella no. Ella no iría a Alemania, ni siquiera quería tener algo con Thomas. Le quiso, en ese momento lo sabía, y no por eso cambiaba nada. Otro amor de cuatro días. Y el bávaro seguía siendo un imbécil.

Tenía mucho sueño de nuevo…

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