viernes, 4 de febrero de 2011

Cinco- El movimiento

EL MOVIMIENTO

La puerta del cuarto en el que interrogaban a Eddy se abrió y el teniente asomó medio cuerpo.

-¡Necesito algunos hombres ya! -los policías se movieron apresurados ante el tono de Varela. Incluso Roberto abandonó la habitación en la que estaba para presentarse ante el teniente–. Usted, Funes, siga con el canadiense. Después hablaremos.
-No, si acá ya está todo dicho, mi teniente.
-¡Obedezca, Funes!

Cinco uniformados siguieron al teniente hasta la oficina y segundos después los mismos estaban saliendo con paso apresurado de la comisaría. Detrás de ellos, el teniente se quedó en el centro de la estancia, mientras los detenidos le miraban intentando comprender lo que estaba sucediendo.

-Está bien, chicos. Tuvieron suerte: Eddy confesó. Según el señor Eddy Guerrero, él y su amigo son los únicos protagonistas de esta extraña historia. No es que yo le crea del todo, porque faltan algunos puntos que aclarar, pero no vamos a retenerles aquí si no están acusados. Así que se pueden marchar. Eso sí: con condiciones, ¿me oyen? –en este punto miró a Amanda-. Lo primero y más importante es que tienen que estar disponibles y localizables, no pueden salir de la ciudad hasta que no encontremos al otro acusado y aclaremos por completo esto. ¿Ok?
Ninguno se atrevió a hablar. Ni una disculpa ni unas buenas palabras, ni siquiera un “gracias por su tiempo”. Pero ninguno dijo nada. Todos compartían la necesidad de terminar con aquello cuanto antes, de salir, de ver que era de día de verdad y que la vida seguía allí fuera, como si sólo hubiera sido una pesadilla.
-Bueno, ¿qué? ¿Es que no se quieren ir?

El primero en salir fue Omar, mudo y precipitado. El resto imitaron al cubano como borregos, dejando las preguntas, las quejas y, sobre todo, las respuestas para el otro lado de la puerta.

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